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lunes, 24 de junio de 2013

Un interesante artículo sobre estafas hipotecarias

En la publicación digital LawyerPress, el abogado Carlos Javier Galán, que defiende los intereses de varios afectados por la trama de Antonio Arroyo, escribe, bajo el título “Las estafas hipotecarias, otro drama social que reclama respuesta” un oportuno artículo en el que denuncia esta auténtica lacra.
 
El letrado, colaborador de la asociación ADEVIF, pone de manifiesto las insuficiencias con las que se encuentran la ley y el sistema judicial a la hora de enfrentarse a estas redes delictivas, subrayando como ejemplo que, cuatro años después de establecer el Registro obligatorio de prestamistas privados, éste sigue sin estar plenamente operativo y sin cumplir su finalidad.
 
Carlos Javier Galán hace referencia al modus operandi de los presuntos estafadores, algo que por desgracia las víctimas conocemos muy bien: “Que alguien firme ante notario haber recibido una cantidad más elevada a la que percibe puede parecer poco creíble, un engaño sumamente burdo a primera vista. Pero, cuando se analizan estos casos y se recaba el testimonio de personas de las más diversas procedencias que ni siquiera se conocían entre sí, se comprueba que estamos ante un modus operandi sumamente elaborado (…). No es cuestión de describirlo aquí con detalle, pero baste decir que una madeja de mentiras, de medias verdades, de promesas incumplidas, de documentos bancarios falsificados, de firma de documentos privados con las condiciones realmente habladas pero que luego no se entregan a los interesados, más la presencia final de un notario… acaban envolviendo a las víctimas, con el resultado de que firmarán una escritura –más de veinte páginas con un contenido legal y técnico poco comprensible para un ciudadano común- que nada tiene ya que ver con lo que creía estar contratando. El afectado, ajeno a la realidad, seguirá telefoneando al prestamista o sus intermediarios para ver cómo va la prometida refinanciación o la entrega del ‘resto del dinero’ e irá recibiendo largas. Sin ser plenamente consciente, ha suscrito un préstamo con garantía hipotecaria por importe muy superior al recibido y con un vencimiento a escasos meses vista. Cuando no pague en esa fecha, comenzará a correr un interés de demora, habitualmente del 29 %. Y, finalmente, si antes no se percata del engaño ni actúa legalmente, acabará enfrentándose a una ejecución hipotecaria, en la que el presunto estafador o un testaferro se quedarán con su vivienda y dejarán a su familia en la calle, habiendo realizado en la práctica un desembolso real ínfimo, muy lejos de la deuda que formalmente justifica la adjudicación”.
 
El autor considera decisiva “actuación decidida de la Fiscalía que tome en consideración la trama en su conjunto y no el caso individual de cada denunciante”.
 
El texto íntegro del artículo puede leerse aquí.